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Del lado de Niza
Encuentro con Sacha Sosno
Sacha Sosno ha hecho de Niza su taller. Un taller a cielo abierto que recorre a la pídola, desde la playa hasta las colinas, deslizando a través de un marco con lienzo evolutivo su mirada de artista para recortar la ciudad de otro modo. Paseos por las calles nizardas en pleno centro de las en el centro de las golas ambulantes de Sacha Sosno. Cuando 7 detalles revelan el conjunto, Niza es una gloria.

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En lo alto de la colina de Cimiez, encontramos Regina, obra del arquitecto Marcel Biasini, de finales del siglo XIX para alojar a los huéspedes de marca, y en primera fila la Reina Victoria. La obra, imponente, ocupa el centro del lienzo. Con la iglesia rusa, es el Sagrado corazón de la historia del veraneo nizardo. Tiene la blancura del sol y la ligereza de un festón de puntilla. Cuando pasó a ser vivienda, a principios de los años treinta, Henri Matisse se refugió allí para irradiar mejor. Desde los balcones sur del Régina, apenas nos inclinamos podemos distinguir en primer plano las plazas de toro de Cimiez… cuyas dimensiones y la edad sin cesar aplazada dan prueba de la magnitud de Niza desde sus orígenes, ciudad de medicina, de comercio y de paso, pero igualmente ciudad balnearia. ¡Ya!
Basta con desplazar el marco para adivinar, en una lejana perspectiva, las colinas de Bellet y las vides que allí se calientan. Dan un vino cuya "denominación de origen controlada" hace de Niza la única ciudad mediterránea productora de DOC dentro de sus muros.
La mirada sigue paseándose, sobrevolando una corriente verde que viene a tropezar con la "Tête Carrée". La creación de Sacha Sosno se basta por sí misma, aérea y marcial, cultural y reivindicativa. Centro de vida de la biblioteca regional, es un lugar para compartir y de encuentros, estudiantes y pensionistas cruzan a menudo a los sindicalistas que lo han convertido, espontáneamente, en su lugar de reunión. Sosno sonríe: "Soy feliz porque es estética y útil".
Los techos, vecinos, del casco antiguo de la ciudad son de por sí ya un cuadro. En el centro antiguo, se vive, se regatea, se ama, se crea. El visitante se pasea por allí, impregnado sin saberlo del alma de Niza. "Uno puede pasar su vida dentro del casco antiguo de la ciudad sin salir de ella, sin sentirse encerrado…" suelta Sacha Sosno que inventó su arte durante veinte años, rue du Château.
¡El Castillo de Niza es una obliteración! Sacha Sosno lo aprecia tanto que ha hecho de esta técnica una de sus marcas de fábrica. En la cumbre de la colina, el peso de su ausencia es una referencia tan segura para los nizardos como un pomposo monumento. Desde allí, se puede ver todo y nos sentimos penetrados por el soplo de la "gente" que construyó Niza. Sosno se interroga: "Niza es una anomalía estadística en el mundo del arte plástico. Hay aquí tanto artistas, pintores, escultores, escritores… ¿Por qué?" Si Niza fuese una aleación, sería un imán.
El marco, desde la colina del Castillo se desplaza. Podemos ver el puerto, el más bonito puerto del Mediterráneo francés, destinado a embellecerse aún más, sin coches y con pequeñas unidades.
Del otro lado, después de Rauba Capeu y el monumento a los Caídos, el marco se inclina sobre la playa de Castel con guijarros grises-blancos y finos, bañada por el agua de la bahía, refrescada por una fuente de agua dulce conocida desde la alta antigüedad. ¿Su fuente? "Nys" en sub-ligures. Sacha Sosno descubre en este "Nys" el origen de Niza, ciudad de agua dulce bajo el mar, y no es el menor de sus encantos.
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